Alfredo Freites
Listin Diario.- Los manejos de los presidentes Donald Trump y Luis Abinader incentivan la especulación de que ambos buscan retener el poder saltando por encima de impedimentos constitucionales.
Ambos mandatarios han desarrollado una amistad política que mueve la creencia de un apoyo al continuismo en tiempos de quiebre del orden geopolítico que se ha llevado por delante las reglas internacionales y las locales.
Abinader, por ejemplo, ha establecido una disposición que amordaza a sus compañeros de partido porque les impide promover sus aspiraciones presidenciales. El mandatario sabe que para ser un candidato potable la tradición en el país indica que se requiere de ocho años en la competencia y los del PRM apenas contarían con dos años y más empinada es la cuesta para el vicepresidente de la República. Ninguno ha llegado al poder por elecciones.
Además, a falta de obras importantes, Abinader promueve obritas con envidiable entusiasmo contando con tener la vía libre en su partido y ahora tiene mejor posición para ser candidato por contar con mayor experiencia administrativa y el control de un congreso que facilita la reforma constitucional para un tercer periodo consecutivo.
Con total impunidad, Abinader ha incurrido en la mayor osadía en la reciente historia política nacional al invitar a tropas de Estados Unidos a usar el territorio dominicano para hacerle la guerra a otra nación americana. Esa acción, que estuvo coordinada en varios viajes a Washington y la visita a la RD de prominentes funcionarios norteamericanos, soldaron la unidad entre ambos presidentes.
Ningún país tiene los méritos de Abinader ante la administración de Trump, porque ha sido el más ardiente critico de los chavistas, con quienes rompió relaciones como rechazo a las cuestionadas elecciones que mantuvieron a Nicolás Maduro la presidencia de Venezuela.










