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No te olvides de lo principal

Angel Gomera

La sociedad de hoy experimenta transformaciones significativas generadas por la interacción dinámica de fuerzas políticas, sociales y económicas en constante movimiento. Estas evoluciones son sistémicas y no lineales, pueden incidir o afectar la forma en que pensamos, vivimos, trabajamos y nos relacionamos; es decir impactan en todos los aspectos de la vida humana; caracterizándose estos cambios por ser en múltiples ocasiones impredecibles y complejos.

Se observa a modo de preocupación como la afanosa búsqueda de poder y tener, la hegemonía de la información, la pérdida de la sensibilidad social por la prisa tipo robots, la galopante revolución tecnológica enmarcada en un individualismo sin humanidad, la falta de compromiso y responsabilidad ante el deber ser, crisis en las parejas, el desempleo, la cultura de la inmediatez, del desecho y del engaño, el hedonismo, la pornografía, el vicio y la violencia; inciden en la vida de las personas de manera profunda, afectando muchas veces la dignidad, el bienestar y la calidad de vida en general.

Además de lo anterior, se puede agregar como preocupante, la imposición totalitaria de cuestionables modelos de vida o ideologías, la pretensión de imponer la educación que deberán recibir nuestros hijos e hijas; junto con la desconcertante permisividad de pretender normalizar ciertas ¨acciones o comportamientos¨ a través de legalizaciones parlamentarias consideradas impropias y lejos de la lógica; generando todo esto, tensiones y fraccionamiento en el ámbito de la socialización.

Este cóctel de realidades expuestas se convierte en la mayoría de los casos en amenazas corrosivas y peligros reales que ciernen sobre el seno familiar; por lo que se hace necesario poner en marcha acciones preventivas orientadas a minimizar el influjo de esos factores de riesgo y potenciar la influencia de agentes o componentes de protección del entorno de las familias frente a esas determinadas situaciones problemáticas.

Por lo tanto, para poder brindar verdaderamente la protección es necesario mantener el enfoque en lo verdaderamente valioso. Esta idea es sumamente importante, ya que nos cuesta advertir que muchas veces descuidamos lo más grande que tenemos: nuestra familia; por otras cosas o afanes insulsos que absorben o distraen y que al final de cuenta hacen olvidar lo principal, que es lo que da el real sentido a la vida.

Por lo que, aunque tengas innumerables éxitos en tu vida, no te olvides de lo principal. A pesar de que estés obteniendo muy buenas cosechas de ganancias en tus negocios, no te olvides de lo principal. Si el requerimiento de tu trabajo se hace más exigente cada día, no te olvides de lo principal. Aunque tu vida social sea lo más “interesante” y “divertida”, no te olvides de lo principal.

A pesar de las actualizaciones y multifunciones que posee tu dispositivo tecnológico, no te olvides de lo principal. Aun cuando poseas un círculo de amistades que te celebran todo, no te olvides de lo principal. Por más cargada que tengas tu agenda de diversos compromisos, no te olvides de lo principal.

No obstante, la tristeza te abate, el cansancio amilana tus fuerzas y el sufrimiento corroe tus huesos, no te olvides de lo principal. Si alcanzaste el puesto anhelado y eres todo una “personalidad”, no te olvides de lo principal. Si te encuentras abrigado ante las heladas frías de la vida, fruto del confort en que vives, no te olvides de lo principal.

Es que tú y yo tenemos el más hermoso e inconmensurable de los tesoros, con un valor que no conoce número que lo pueda cuantificar: la familia, invento maravilloso y especial de Dios; Refugio de amor ante las tormentas, que fluctúa entre mareas altas y bajas, alegrías y tristezas, temores y anhelos, vivencias y experiencias; y que nunca dejará de ser el primer latido y faro de esperanza del mundo.

Por consiguiente, valorar la familia es nunca estar solo, es estar en un ambiente de seguridad, protegido en cada tiempo y suspiro por un amor fecundo y cálido que envuelve. Es potenciar una socialización sana, a través de un diálogo abierto y sincero. Es evitar dilapidar tontamente el cariño de nuestra pareja o la confianza de nuestros hijos. Es saber pedir y dar perdón; ya que perdonar es liberar a un prisionero y descubrir que ese prisionero eras tú (Lewis B. Smedes).

Angel Gomera

Abogado

Santo Domingo de Guzmán

angelgomera@gmail.com

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