Por David R. Lorenzo
La reciente decisión del Presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, de prestar dos aeropuertos a los Estados Unidos, uno militar y otra civil, para la supuesta lucha contra el narcotráfico, que no es otra cosa sino para agredir militarmente a Venezuela, constituye un acto bochornoso, reprochable, de sumisión y arrodillamiento hacia ese país.
Solo tres naciones de América Latina han adoptado esa postura, Puerto Rico, que es una colonia norteamericana, Trinidad y Tobago y República Dominicana. Hasta Panamá, que es un gobierno yanquista y está más cerca de Venezuela que República Dominicana, le dijo no a los Estados Unidos.
Con su decisión, Abinader ha pasado de ser uno de los presidentes más entreguista y genuflexo de la República Dominicana, con relación al imperialismo yanquis. Prestar dos aeropuertos, incluyendo uno civil, para facilitar una intervención militar a un país latinoamericano, independientemente o no de que usted esté de acuerdo con su gobierno, es un acto indecoroso.

República Dominicana ha sido invadida en dos oportunidades por los Estados Unidos, en el 1916 y en el 1965, la última con una acusación manufactura, falsa y ridícula, de que nos iban a librar del comunismo.
Por esa situación, ningún gobierno dominicano debería prestarse para que otra nación sea agredida militarmente, y menos por los Estados Unidos. La República Dominicana en cambio, lo que debe abogar es por la paz, y no por la guerra.
Pero, este presidente dominicano, decidió ser la punta de lanza de los Estados Unidos en su lucha contra Venezuela. Desde aquí se han incautado propiedades al Gobierno venezolano.
El presidente Abinader, también fue hace unos meses hablar en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y lo que hizo fue repetir lo mismo, y fue uno de los pocos presidentes que no condenó el genocidio en Gaza.
Igualmente, la delegación dominicana en la ONU, fue la de las pocas que se quedó en el salón cuando fue a hablar el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, acusado y perseguido por crímenes de guerra contra los Palestinos, y fue de las pocas que aplaudieron su discurso.
Ahora, se ha convertido en el nuevo Pedro Santana, está anexando a la República Dominicana a los Estados Unidos, y por esa actitud vil, está recibiendo elogios y aplausos de los altos funcionarios de ese país, y de su gobierno.
Por suerte para Abinader, Juan Pablo Duarte, está muerto desde el 1786, sino estoy seguro que se hubiese levantado en armas para sacar del poder a este gobierno entreguista y vende patria.
David Roberto Lorenzo Marte davidrlorenzo@gmail.com










